Nikolai

March 4, 2009

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July 30, 2006

La Sayona

Filed under: TODO, cuentos

(Dado que por motivos desconocidos había desaparecido el post que más visitan, lo vuelvo a republicar.)

Inspirado en una historia del llano traigo una versión mía de esta historia mítica, espero les guste.

LA SAYONA


 De todos los desatinos de Dios tal vez el más terrible fue Camilo, con sus cabellos dorados y sus ojos azules, oscuros y profundos, las cejas diabólicas, su rostro anguloso fuerte, sus gruesos labios rojos, su piel blanca y tersa, su metro ochenta y cinco de estatura y la talla atlética, un adonis en tiempos tan mordernos y convulsionantes. En la época perfecta dirían algunos, pero hubiese sido mejor que existiera en la antigua roma o en la Arabia de los sultanes con sus harenes de cientos de mujeres; mas no fue así, él se encontraba en esta época donde sus encantos podían destruir a cualquier dama; sin embargo ellas eran libres de amarle y odiarle u olvidarle sin problemas.


 Yo conocí a Camilo desde que era un niño; el puso sus terribles ojos en mi y desde entonces le acompañe por el mundo, a pesar de ser opacado por su ser no puedo quejarme, puesto que nunca quedé sin una recompensa por sus proezas y no siempre fue él quien consiguió el éxito. Su pasión por las mujeres era temible, su destreza para conquistarlas era abrumadora e inevitablemente todas eran seducidas por sus maneras y él nunca se negó a tomar a aquellas que se ofrecían, a las que consideraba aceptables. Nunca se enamoraría no tenia necesidad, no importaba cuan hermosa fuera la dama, él en una semana ya tenía otra y se había olvidado de la anterior por deseo propio, pues es más que cierto que nunca una sola de ellas hubiese deseado separarse de Camilo.


 Yo si podía caer totalmente enamorado, cuando realizaba una conquista me perdía en ella hasta que el fin inevitable llegaba y me arrojaban como perro, mas nunca fue por que me dejaran de amar puesto que de mis andanzas con Camilo había aprendido a cortejarlas adecuadamente y lo que dios no me dio en belleza no me lo negó en la palabra. Así, que yo siempre conquistaba hermosas intelectuales que a Camilo no le interesaban, ellas siempre me dejaron pues no soportaban que tuviera amistad tan profunda con un ser cuya razón de existir consistía en enamorar cuanta mujer pasará por sus ojos, para luego dejarlas sumidas en la peor resaca de amor. Siempre pensó que lo que único hermoso en las mujeres era su piel con sus aromas, sus curvas endiabladas y sus caricias, que sus pensamientos eran aburridos llenos de palabras incoherentes. Ha… Mas yo si las adoraba y quedaba envuelto en todo lo que significaran… me entregaba sumiso a sus reclamos y me destrozaba como un niño cuando me dejaban, talvez por ello me hice fuerte y al cabo de un tiempo me hice inmune a las resacas de amor como solía llamarlas Camilo cuando se burlaba de mi patético ser, cuando me dejaban las damas.


 Todo esto hasta que en una bar conoció a una hermosa morena de ojos oscuros como la noche, Camilo al verla la marco como su presa y se dispuso al ataque; mas todo fue inútil volvió a mi esa noche cabizbajo por primera vez, con la marca de la derrota, ella le había llamado vulgar campesino, arriero ignorante y burdo, le había abofeteado e ignorado. Desde ese día Camilo se entrego a la lectura apasionada de libros de todas clases, al estudio de filósofos y artistas, a la visita de museos y de bibliotecas, solicito mi ayuda y le lleve a los sitios mas cultos, y devoro cada onza de conocimiento como lo había hecho con la damas y encaro los nuevos retos en estos sitios enamorando señoritas y señoras, estudiantes o doctoras, no le importaba, gozaba con verlas rendidas a sus pies y como con sus palabras y sus facciones podía poseerlas a todas.


Una noche no muy animada y con pocas presas, su mente turbada libero por fin sus ideas y compartió su secreto conmigo.


– no lo sabia entonces –, comento mientras me observaba algo distraído – pero creo que ahora entiendo mi pasión por las mujeres. No es el placer vulgar al que todos se acostumbran es algo mas profundo – sus ojos me miraron detenidamente me tomo del brazo irradiaba un rostro de victoria – es el ser mismo el que me gusta, la esencia de sus almas, de su vida, son seres majestuosos no importa su edad o su raza todas se trasforman en la entrega y muestran que son de Lilith el puro aliento, no son criaturas de Dios –se inclino sobre la mesa me miraba directamente a los ojos con sus ojos azules y perfectos expresando la locura que florecía en su mente — son el demonio mismo, no importa cuan puras y dulces parezcan, sus aromas nos atraen, sus texturas nos enloquecen, las notas melosas que escapan de sus labios nos hechizan sin importar lo que digan ¿o es que realmente alguna ves tu las escuchas?. No lo creo, puesto que no importa, no importa nada de lo que puedan decir, lo importante es el sonido de su voz mientras lo dicen, lo que importa son los labios cuando te tocan y sus dedos y su piel fundiéndose con la nuestra en ese instante, como sus rostros se transforman, como se forman esas expresiones de lujuria en sus rostros. El calor que emana de sus cuerpos el calor del mismísimo infierno, como se derrite su sexo en el nuestro como en ese instante de pura pasión nos bebemos sus almas – se levanto y me miro con una expresión digna y sabia — pero no debes dejarte ir con ellas mi amigo, no debes perder la cordura en ese instante por que si no caerás poseso, y te enamoraras de lo equivocado y serás su esclavo. No; debes enamorarte es de su esencia, de su ser mismo, debes robárselo, debes robarle la vida misma y cuando no quede más ambrosía en el cáliz, entonces debes buscar otro y su vitalidad será la tuya y siempre serás perfecto, escúchame porque así es como yo vivo, así es como nunca envejezco –. No pude más que quedarme asombrado ante el discurso, al fin Camilo había perdido la razón misma, su arrogancia se encontraba en los límites de la locura, y el castigo debía llegar del mismo cielo por las almas que había destruido.


Pero el castigo no llego como lo imaginaba si no de una forma mas irónica, seria Elizabeth un demonio con piel de ángel, si Camilo era perfecto Elizabeth lo era aun más, sus ojos verdes como esmeraldas sus cabellos negros azulosos, su piel blanca perfecta, sus curvas infernales, podías perderte con solo mirar su senos y durar horas meditando en ellos, recuerdo que pasaron largos minutos antes de que por fin mis ojos continuaran su trayecto hacía sus caderas y juro entonces que si me hubiera ordenado cometer el peor de los crímenes lo hubiera hecho con gusto, el danzar de su caderas… el sabor de su cintura mientras ondulaba al paso lento de sus pies, tan ligero, tan sediento de pasión, las piernas largas fuertes, perfectas, con esa piel tan firme con ese regalo oculto bajo su hermosa falda negra, de esa tela casi transparente, que invita a todo mientras te deja deseoso de tenerla, mientras te muestra algo y sin embargo tu imaginación puede volar…; el rostro de Camilo no cambio al verla solo sus ojos azules se posaron en ella y fue ella quien se acerco a nuestra mesa, se poso al frente de nosotros esbozo una ligera sonrisa se inclino entonces y me beso en los labios, acaricio mi rostro y me dijo su nombre, luego miro a Camilo lo levanto del asiento y lo beso, no, no lo beso, lo devoro por su boca lo hizo perder todas las fuerzas, murmuro a su oído algo y se marcho. Camilo reacciono casi a la hora no dijo nada solo salio disparado en pos de ella y le encontró…


Dios mismo o el demonio, quien sabe, goza de una capacidad de ironía muy acertada, a Camilo no lo volví a ver en una semana, hasta que un día apareció en mi puerta pálido, delgado, ojeroso. Su alma ya no existía pude saberlo al observarle, me abrazo largamente y se recostó durante tres días, cuando al fin volvió en si, solo me miro y dijo que nunca jamás podría olvidarla, que la amaba con pasión, que jamás tocaría de nuevo a otra mujer, que ya nada tenia sentido ahora que ella le había dejado, se disculpaba incasablemente por haberse burlado de mis resacas de amor y me pedía a gritos que le ayudara, ahora era yo quien tenia la experiencia para sacarlo del trance.


El fantasma de Camilo habitó en mi apartamento durante varios meses, su sola presencia me turbaba, me angustiaba darme cuenta que se estaba muriendo por un amor como el que el tanto había negado, por una pena que el mismo había causado tantas veces; por fortuna las amantes mas adineradas de Camilo siempre le tuvieron bien colmado de regalos, no solo pequeños lujos sino también acciones de clubes y empresas, pequeños dinerillos que le permitían mantenerse sin trabajar, pero su desgano y su desprecio por la vida empezaron a preocuparme, comía muy poco y en las noches se levantaba llorando diciendo el nombre “Elizabeth, Elizabeth” una y otra vez; empecé a temer que se quitara la vida en un arranque de locura, los muchos compañeros de juerga nos visitaban y trataban de hacerle salir de nuevo, no podíamos negar que Camilo era el alma de las fiestas, y cuando el andaba de rumba las féminas lo seguían por doquier.


Jorge uno de los mas acaudalados compañeros de farra se encontraba organizando su cumpleaños en una finca que acababa de construir en plena selva, a dos horas de cualquier lugar habitado e insistió mucho en que fuéramos, serian 3 noches con sus días de pura farra y lujuria. Convencí como pude a Camilo que ya empezaba a recuperarse y partimos al festejo. Cuando llegamos el aroma del desorden se apodero de mis sentidos, el lugar: un templo dionisiaco.


La juerga perfecta, llena de pequeñas mujercitas dispuestas a hacer lo que se les pidiera, a entregarse todas en una temible orgía y todos estábamos dispuestos a hacer lo posible para que el hedor de la sodomía llegara hasta el mismo cielo, me entregue a la lujuria y perdición sin advertir que Camilo aun se hallaba deprimido pero quien lo hubiese notado rodeado de tantos excesos; cuando me acerqué a verle a la siguiente noche me contó que no había podido dormir pensando en ella, que no podría hacer nada tampoco esta noche que sus pensamientos ya tenían una dueña y que nada podría cambiarlo, por primera vez sentí pena por el, ese sentimiento de lastima, ese sentimiento tan desagradable que solo se le reserva a los seres mas desgraciados, trate de hablarle pero me di cuenta que nada que dijese podría ayudarle, así que solo lo acompañe.


Ha eso de las tres de la mañana una hermosa mujer apareció en la fiesta tenía ese aire sobrenatural de las mujeres criollas, una beldad nacida en el pueblo cercano de la finca, una belleza sin limites, sus hermosos cabellos negros se deslizaban serenos sobre su espalda hasta alcanzar la cintura solo, su cabello podría haberle quitado el alma a cualquier hombre. Ah…, su rostro, era mil veces más hermoso, todas las reinas y modelos la hubieran odiado en sus temibles celos si la hubieran visto, la perfección de sus ojos, negros como la noche misma, su nariz recta redondita un poco en la punta, como una niña, como el rostro de una pequeña inocente atrapada en ese majestuoso cuerpo, oh…, por Dios que cuerpo, ni los más arriesgados poetas podrían describirlo, podrían tan siquiera aproximarse a su verdad, por que ese ser era la verdad misma, la perfección plena, con sus senos redondos, no muy grandes, no pequeños; debajo de ese vestido blanco se veía perfectamente que no llevaba sostén, no llevaba absolutamente nada más, y sin embargo esas curvas diabólicas en su cintura, sus glúteos perfectos y ese aroma, un aroma a frutas un tanto extraño, un aroma a fresco, a monte, a selva virgen; nadie la conocía pero quien osaría negarle la entrada, todo en ella me recordó a Elizabeth y lo mismo le sucedió a Camilo, ella se acerco lentamente y con una voz melodiosa casi inaudible, aun juro que nos habló con la mente, nos pidió fuego para un cigarrillo, Camilo de solo verla le volvió el espíritu al cuerpo y entonces se lanzo a la cacería, no paso mucho antes de que le viera irse con ella a una de las habitaciones y perderse en la lujuria. Los sentidos del hombre son tan imperfectos no me di cuenta antes pero lo se ahora que lo recuerdo, el viejo capataz de la hacienda cuando la vio marchar con Camilo, escupió e hizo la guiña; el hombre se había acercado  a la fiesta para beber aguardiente con el patrón y entregarse al jolgorio como cualquiera de nosotros, sin embargo después de esto salio pálido hacia su casa.


Las horas pasaban estaba a punto de amanecer, estaba ebrio, en el limite de mis capacidades y entonces un sin fin de imágenes llegaron a mi mente, en ellas la mujer me invitaba a unirme en su pequeña fiesta con Camilo, mientras su aroma me recorría el cuerpo, cada imagen de su hermoso cuerpo ondulante me excitaba más y más, sus caderas, el movimiento rítmico que solo la magia de una mujer latina puede tener, ese dulce gemido que dejaba escapar de sus labios carnosos, sus ojos cerrados y su rostro en esa expresión de ebriedad de sexo y placer. Fue demasiado, tenia que verla, tenia que presenciar ese encuentro entre dioses,  me acerqué lentamente a su habitación, la puerta estaba medio abierta, me asomé lentamente y pude ver la piel blanca de la espalda de la mujer, ella estaba sentada encima de Camilo, me excitaba la idea de verla desnuda por completo, pero entonces ella empezó a girar su cabeza despacio más y más, más allá de lo posible para un ser humano, aturdido por la visión demore en darme cuenta de que no tenia ojos, solo las cuencas vacías y en medio de ellas unas chispas, unas chispas como fuego como pequeños fuegos ardiendo en su interior, la piel se le fue cayendo lentamente, podrida, seca, verdosa en algunas áreas, azulosa en otras, …colgando de su cuerpo las tiras de piel…, mientras sus mandíbulas se desencajaban y todos sus dientes tomaban forma de colmillos filosos y gigantes, sus mandíbulas ,inferior y superior, llenas de esos horribles dientes o colmillos o lo que fuera… eran muchos, salían en todas direcciones de su boca mientras la piel se recogía y desgarraba en su rostro, me miro directamente y antes de que pudiera reaccionar me salto encima, con ese movimiento inesperado, como si en instantes estuviera en un punto y luego en otro, mis ojos no pudieron seguirle, exhibió sus brazos convertidos ahora en huesudas manos con garras, se preparo para acabar con mi vida y entonces de la nada un gallo canto y la bestia sobrenatural soltó un terrible chillido, aun me hiela la sangre su solo recuerdo, pude sentir como mis oídos sangraban y todo me daba vueltas. Como un gato se fue saltando por la ventana y se perdió en el bosque dejando atrás ese aullido que congelaba la sangre.


Cuando reaccione salte sobre Camilo, no podía aceptar lo que era obvio, pero allí estaba con todos sus intestinos perforados y regados encima de el, y yo tratando de empujarlos de nuevo a su posición, tratando de juntarlo todo otra ves dentro de Camilo, en ese instante llegó el cortejo de invitados, las mujeres gritaron mientras los hombres me sujetaron y golpearon llamándome asesino hasta dejarme inconsciente. Cuando la policía llegó y se preparaban para llevarme, el capataz se me acerco al oído y me mormuro un nombre que de alguna forma estaba en mi mente “…sayona”, el hombre se alejo y me di cuenta que solo él sabia y compartía conmigo tal verdad y que sin importar lo que dijese ya estaba condenado.


El crimen atroz y demente dio por sentencia una reclusión dé por vida en el psiquiátrico, desde donde escribo estas líneas como tributo a la verdad y advertencia, “cuando los hombres se internan en la selva no deben pensar en la mujer amada con tristeza, esa es la invocación del demonio de la Sayona” *, un espectro torturado que puede esperar años hasta que aparece la presa que le dará vida eterna, lo supe todo cuando ella me ataco cuando puso sus manos sobre mi, lo vi todo en mi mente, se transmitieron las imágenes de todos sus horrores, y solo tengo pesadillas desde entonces, el escalofrió de la muerte recorre mi espalda con solo repetir las visiones.


Aun no puedo escribir sobre ello…

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